Black Hammer

La Plaga

Trasfondo para Black Hammer – Vestralderas

Artículo original publicado en Sandam Return

Trasfondo para Black Hammer – Vestralderas

Los invernaderos de Seesa, cuya maravilla y gloria han llegado a los confines del mundo de Black Hammer gracias a las caravanas de los dragómadas, que atraviesan los campos baldíos devastados por la Plaga, son fuente de riqueza para la ciudad y la Casa Arconh que los regenta.

Las fabulosas plantas que crecen bajo la tenue pero mágica luz de las piedras de la luna, los prodigios vegetales que han permitido el nacimiento de los alquimistas vitriales y los magos arbóreos, únicos en el cosmos, han dado renombre y fama a la casa Arconh, pero no son las únicas maravillas que surgen de sus plateadas cúpulas.

Menos conocidos, pero igualmente importantes, son las maderas y hierbas utilizadas para la elaboración de poderosos artefactos y constructos de propiedades casi mágicas.

Igualmente, de forma más mundana pero igualmente importante, toneladas de alimentos surgen de sus puertas vertiendo por las calles de Seesa un maná que ha mantenido a la ciudad viva a pesar del aislamiento durante casi mil años.

Entre los alimentos básicos y los refinados productos destinados a dar forma y vida a la Magia Verde hay una categoría de productos destinados a la construcción y a la artesanía que también reportan buenos dividendos a los Arconh. Las maderas nobles.

Expertos ingenieros agrícolas, los Arconh han recorrido las ciudades del mundo aislado de Black Hammer seleccionando platas, arbustos y árboles de propiedades inusuales, para sus propios fines.

Uno de los más extraños de entre sus cultivos mundanos son los Vestralderas. Arbustos enormes que alcanzan los dos metros de alto, con gruesas ramas que en ocasiones tienen el grosos de un torso humano, los Vestralderas poseen una madera preciosa y rara.

Cuando son cortados y tratados adecuadamente, la madera de estos arbustos adquieren una curiosa tonalidad que se asemeja a vetas de metales y minerales preciosos filtrados entre la madera.

Así, los tonos arbóreos se mezclan con tonos brillantes y resplandecientes del oro, la plata, el cristal, confiriendo a la madera de Vestraldera un aspecto casi de gema preciosa.

Apreciada por orfebres y carpinteros de alta fama, la madera de estos arbustos cotiza muy bien entre las Cuatro Casas y los nobles independientes con capacidad adquisitiva para permitirse los fabulosos productos que con ella fabrican.

Intrincadas filigranas talladas en la madera resplandecen a la luz de las lámparas en los cabeceros de la cama de muchos nobles, narrando escenas mitológicas, o en los escudos de armas de las Cuatro Casas, o en las sillas de los banquetes más opulentos, llenado los habitáculos de tonos plateados o diamantinos, mientras los techos de madera labrados en vestraldera se llenan con la iridiscencia que sólo los grandes maestros carpintero pueden conseguir de la mezcla de varias variedades de esta planta.

Las semillas de Vestraldera son cuidadas con pasión y cariño por la casta de los Arconh encargados de su desarrollo, y plantados e injertados en fructíferos intentos de lograr nuevas variedades, a cual más brillante, hermosa, rara o resplandeciente.

Muchos aventureros han muerto intentando robar de la Casa el secreto de estas semillas, y muchos más morirán, mientras este enorme tesoro siga creciendo como en los Invernaderos. Incluso dentro de la Casa Arconh, fortunas se pagarán por falsas semilla de Vestralderas, y muchas villas y tesoros cambiarán de mano, mientras unos y otros intentan hacerse con las mejores variedades que les darán prestigio, fama y dinero, hasta el punto de igualar a la élite de jardineros que germina productos para los magos y alquimistas.

septiembre 13, 2011 Posted by | Black Hammer | Deja un comentario

Novedades de Black Hammer

Hoy os anunciamos dos novedades, en forma de ayudas, para Black Hammer.

La primera, publicada en el Fanzine Rolero, es una ayuda que amplía las posibilidades de aventuras del terrorífico mundo de Black Hammer, introduciendo el concepto de guerra entre ciudades.

Black hammer – Guerras Entre Ciudades

También ha sido publicada por la editorial Ediciones Sombra, en su revista digital gratuita “Desde el Sótano” una idea de aventura precedida de un breve relato

http://www.desdeelsotano.com/

Os dejo el principio del relato:

Leyendas, verdades y algo más terrible que ambas

Explorar es más fácil de lo que se cree, lo difícil es salir con vida. O entero. – Agorem Ipsum

Fagil de los Azur corrió escaleras abajo, mientras la portezuela oculta por la que había entrado se cerraba, dejando como única iluminación de su camino, la luz de la gema de la luna que portaba.

El Palacio Azur guardaba muchos secretos, algunos de ellos no eran conocidos ni por los más ancianos de sus miembros, aquellos cuyo nombre estaban en las primeras posiciones en el Libro de los Muertos, y que tenían mucho que temer del Maestro Tenebros.

De esos secretos, alguno, ocasionalmente, salía a la luz. Un acto depravado de alguno de sus miembros, un misterio que resolver, una estatua que cobraba vida tras mil años dormida en alguno de los salones del palacio, y que debía ser reducida por la Guardia.

En otras ocasiones, los secretos salía a la luz como habían vivido, en silencio, arrastrándose, y revelándose sólo a unos pocos miembros de la Casa. Este era el caso.

Continúa…

noviembre 27, 2010 Posted by | Black Hammer | Deja un comentario

Free Day’s RPG Pack

Aprovechando que hoy es el Día del Rol Gratis en el mundo Anglosajón, os dejo el enlace a una idea de aventura para el mundo de Black Hammer.

http://trasgotauro.com/2010/06/19/free-days-rpg-pack/

La aventura comienza en la ciudad de Seesa, pero seguro que un master avezado es capaz de sacarle jugo para expandirla a otras ciudades.

junio 19, 2010 Posted by | Black Hammer | Deja un comentario

Palacio Mecanical de Lord Erebus de Constructia Nivel -3

Palacio Mecanical de Lord Erebus de Constructia Nivel -3

Lord Erebus es quizás uno de los más infaustos miembros de la clase noble de Constructia, la ciudad mecánica de Black Hamer.

La Ciudad de las Máquinas es única por sus constructos, sus habitantes forjados únicos y sus golems. En ella, las artes mecánicas han alcanzado la cúspide de las capacidades, y las máquinas inteligentes, forjados y magos mecánicos han refinado una cultura increíble y maravillosa, no exenta de peligros.

La magia, las artes sacerdotales y los poderes psiónicos han desarrollado nuevas ramas de estas ciencias únicas y nunca vistas fuera de sus muros de acero móviles.

Los forjados de Piedra Illion, las tejerañas de mithril, los Constructos Colmena de Eledrasil, los golems de aire líquido en sus múltiples formas, los espíritus de mercurio, una raza de elementales únicos originarios de las minas bajo la ciudad.

Sin embargo, hay ramas de la ciencias mágicas que está absolutamente prohibidas en la ciudad, y su mero uso o estudio garantizan el rechazo del resto de los ciudadanos de Constructia.

Una de ellas es la nigromancia.

El arte de la magia de los muertos no es permitida en la ciudad, quizás por reminiscencias a un paado dominado por la Plaga, y recordado como si fuese ayer por las mentes mecánicas que rigen la ciudad.

Lord Erebus fue por ello apartado de la nobleza que gobierna la ciudad, y su grado de acceso a la Mentalidad Mecánica se redujo al descubrirse que flirteaba con esta prohibida ciencia.

Cuando sus planes secretos, de levantar un ejército de forjados no-muertos y crear un ejército reforzado por cuatro terribles máquinas necrogolems fue declarado objetivo del ritual llamado La Muerte Cálida, y condenado a morir fundido en las forjas del corazón de Constructia.

Sabedor de su destino, Erebus había planeado su salida de la ciudad en la siguiente caravana, y tras ocultarse durante años, logró salir de la ciudad e instalarse en la ciudad más cercana, donde continúa con sus experimentos.

Nadie se ha atrevido a profanar los sellos y cerraduras que guardan sus palacios. Terribles secretos aguardan ocultos en ellos.

Mientras, Erebus complota y refina sus poderes de Necromagia mecánica, edificando nuevos palacios en la cercana ciudad de Veterseda.

Este es uno de ellos, que podéis localizar bien en cualquiera de estas dos ciudades, o como una base secundaria de los sirvientes de Erebus en cualquiera otra, Seesa, Shu-Sulken…

mayo 8, 2010 Posted by | Black Hammer | 1 comentario

Índice de Nombres

Os dejo el Índice de Nombres para el juego Black Hammer, que os ayudará a localizar lo que necesitéis para vuestras partidas.

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ÍNDICE DE NOMBRES
 
 Adrient de Loxos: 10, 37, 13-15     
     Adrien, Iglesia de: 57, 102, 105, 107

Águilas, las: 60, 80-81

Albinos, los: 26

Alquimista vitrial: 92

Artefactos vitriales: 100

Casas, las Cuatro

     Isir, Casa: 32,35,56

     Kaendros, Casa: 33,56

     Arconh, Casa: 33,36,54,65

     Azur, Casa: 33,36,55

Cénit: 37, 55

Círculo de Fuego: 21, 136

Ciudad hundida, La: 71

Consejo Regente: 37

Dragómadas, los: 25, 138

Dioscuros, los: 39

Deveres, los: 27

Eremis: 8-9

Gárgolas, el Barrio de las: 77

Guardia, la: 46
Hadas Del Buen Pueblo, Las: 28

         Agua del Buen Pueblo: 29,133

Helechales, los: 30

Hidra Negra: 74

Ilex: 54
Invernaderos, los: 65-67

Lázarus: 37, 54

Libro del Viaje: 45

Magia Arbórea: 90-101

Maestro Arbóreno: 92

Maestro Tenebros: 42

Montañas de las Estrellas, las: 19

Mueriel, Ley de: 42

Nadir: 37, 55

Naga: 122, 126

Niños de la Sangre, los: 44

Orcasis: 137

Pain, La Familia: 72

Pajarera, la: 47

Patriarcas, el Cementerio: 43

Plaga, la: 4, 8, 15, 18, 90, 138

Río Muerto: 73

Serrent de Arianteya: 49, 55

Sombra, la prisión de la: 50

Sombras, los: 40

Taniendra: 136

Torre del Vigía, la: 48

Trolls

       Plaga, Troll de: 118

       Krurg: 115

 

 

febrero 13, 2010 Posted by | Black Hammer, Web | , | Deja un comentario

Ritos Grises, anticipo para Black Hammer

Os presentamos Ritos Grises, un anticipo del siguiente suplemento de Black Hammer, Magia de las Nieblas Grises.

http://okgames.es/magazine/cov7.php

Espero que os guste y que los disfrutéis.

 

junio 12, 2008 Posted by | Black Hammer | Deja un comentario

Círculo de Fuego

“Queda poco para que el hechizo de vuelo agote su poder y me vea obligado a bajar de nuevo a la ciudad.

 

Vista desde aquí, nuestras vidas parecen tan insignificantes, tan minúsculas, que subir aquí es lo único que me ayuda alo largo de las décadas a mantener la perspectiva y la cordura.

 

Abajo, en mis laboratorios y los del colegio, me cuesta comprender porqué hago lo que hago, inmerso siempre en la búsqueda de más poder y de más conocimientos arcanos. Ahí abajo, entre protecciones mágicas, servidores demoníacos, estudiantes ambiciosos y maestros temerosos uno puede llegar a perder de vista el propósito por el que nos reunimos aquí, en Círculo de Fuego, hace ya mil años.

 

Recuerdo como si fuese hoy el día del consejo en que nuestros videntes y magos cronománticos nos advirtieron del peligro.

 

Una gran sombra roja y negra nubla el horizonte del futuro, y nada que no este preparado sobrevivirá a ella. Muchos fueron los escépticos, pero si algo caracteriza a los magos y hechiceros de cualquier lugar es su precaución que raya en el miedo.

 

Así que lo hicimos, reunimos las familias, gremios y escuelas mágicas, y escogimos la más grande de las ciudades del mundo antiguo, cuyo nombre hemos olvidado voluntariamente, y la tomamos para nosotros.

 

Quienes nos fueron útiles pudieron quedarse, como aprendices, sirvientes, o trabajadores. Los que no, o bien fueron obligados a marcharse, o erradicados de forma expeditiva.

 

Teníamos tan poco tiempo.

 

Levantamos las mayores protecciones que supimos, un Mithal que cubriese toda la extensión de la ciudad, un muro de fuego y lava que la rodease, y las criaturas mágicas más poderosas para guardar la única entrada que dejamos a través del anillo de fuego.

 

Cerramos la ciudad, y esperamos mientras nos organizábamos.

 

Pronto vino el Martillo Negro. Nuestra magia se volvió inútil e inoperante para observar lo que acontecía en el exterior.

 

Incluso los más poderosos artefactos de visión no revelaban más que una bruma jroja y negra que se iba extendiendo por el mundo, y una sensación de terror que se propagó por la ciudad y nos dejó completamente aislados.

 

Nuestros intentos por observar lo que acontece en el mundo fueron fútiles, y casi ningún sirviente enviado fuera sobrevivió o, por lo menos, ninguno volvió para contarlo.

 

Enviamos después criaturas mágicas y familiares, y algunos de sus amos enfermaron por el vínculo que les unía. Tampoco ninguno regresó.

 

Al fin, con el paso de los siglos, un poderoso sirviente mágico regresó del exterior. Tras la cuarentena, pudimos hablar con él, pero misteriosamente no recuerda nada de lo que le aconteció en su periplo de varias semanas por el Exterior.

 

Varias veces hemos vuelto a enviar criaturas mágicas poderosas hacia la Plaga con la esperanza de aprender algo más de ella. Algunas veces vuelven, otras no, sin ninguna pauta lógica. Pero siempre, sin excepción, vuelven sin recuerdos del exterior, y, en algunos casos, con los cuerpos marcaos con horribles heridas, y las mentes destruidas hasta el punto de que ni nuestros conjuros pueden traspasar la barrera de locura o las nieblas rojas que inundan sus recuerdos.

 

Con el tiempo aprendimos más sobre nuestra situación como prisioneros. Nuestros conjuros de invocación podían seguir atrayendo servidores de otros planos y mundos, pero no podíamos devolverlos al exterior. Nadie podía tampoco abandonar Black Hammer por medios mágicos o físicos. Ni siquiera para ir al Plano Etéreo o al Astral.

 

Somos prisioneros poderosos, pero prisioneros al fin y al cabo.

 

Miro hacia abajo, y veo nuestras mezquinas luchas intestinas, repletas de avaricia, ambición y ceguera, y me recuerdo el motivo por el que nos reunimos hace casi mil años.

 

Recuerdo las profecías ha hablan e la destrucción de Círculo de fuego en el primer milenio de su fundación, recuerdo los rostros apenados de mis hermanos de escuela, cuando yo era sólo una aprendiz, y nos encaminábamos a este lugar en nuestras carretas y carromatos.

 

Mirando a nuestro alrededor, sintiendo, sin saber como, que era la última vez que veíamos lo que habíamos creído nuestro mundo.

 

Desciendo un poco, dejando la cúspide del Mithal protector tras de mí, arriba. De quererlo, podría sobrepasarlo, y saldría al Exterior. Nada me lo impide. Me vería arrojado a un destino que tantas veces hemos escuchado aterrados, y del que incluso ahora apenas conocemos nada, excepto unos pocos síntomas.

 

Algunos dicen que a Plaga empezó en esta región, y que desde aquí s extendió por todos los lugares del mundo antiguo. Muchos nos preguntamos si la misma Plaga no será un experimento de alguna de las casas que se descontroló. Algunas de ellas no quisieron venir a esta ciudad, y sus nombres son pronunciados con temor y reverencia en los pasillos oscuros de las torres. Los Thamatinos, que estaban experimentando con cosas de más allá del espacio y el tiempo, con los mundos externos, poblados por criaturas de caos, muerte locura. O los Serendeser, que decían haber descubierto un plano mucho más allá de los planos exteriores, debajo de los Infiernos y el Abismo, y más extenso que todos los planos exteriores juntos.

 

Cualquiera de ellos pudo iniciar esto, o tal vez fue alguna de las casas o escuelas que hoy sobreviven todavía, y que guardan un secreto callados y rogando a la diosa Magia que no sean descubiertos.

 

Aclaro mis pensamientos, y bajo a través de la bruma, y me adentro en ella dejando que su frescor revitalice mi rostro y mis músculos cansados.

 

Y la Ciudad se abre ante mí.

 

A plena luz del día, Círculo de Fuego es la idead más majestuosa que existe. Era inmensa cuando llegamos, y desde entonces, dado nuestra creciente necesidad de espacio, se ha vuelto mucho más grande, hacia el cielo y en las profundidades de la tierra. Las torres se levan a kilómetros de altura en muchos casos, y sus catacumbas  dungeons hieren la tierra en una infinidad de cortes que penetran en su interior.

 

Fuimos previsores al planificar la ciudad, elevamos el mithal muchos kilómetros hacia arriba y hacia abajo. Todo lo que nuestro poder y confianza nos permitieron, sabiendo que necesitaríamos espacio para cada escuela, cada mago y cada gremio. Los hechiceros somos muy reservados y paranoicos. Es el precio de saber lo que el poder auténtico puede hacer.

 

Con el tiempo, los edificios fueron elevándose, con rocas extraídas de las excavaciones y de las minas, o con materiales arrancados a de los planos interiores a los daos y a los efreets.

 

Miro hacia el horizonte y sólo veo kilómetros y kilómetros de torres, edificios, columnatas y templos, que se pierden más allá de mi vista y que se elevan sobre más edificios y torres envueltos en nubes y niebla en las cúpulas superiores. Barrancos enormes que una vez fueron calles son cruzados por puentes, escaleras y pasarelas, sus muros laterales cuajados de balcones, ventanas y salientes que albergan más templos, torreones y contrafuertes.

 

Las torres repletas de agujas, minaretes, cristaleras y gárgolas de piedra parecen querer herir las nubes desafiándolas con su altura, y sobre los atrios y patios que se encuentran dispersos aquí y allá, cientos de personas solitarias parecen acudir precipitadamente a un encargo o una cita, traspasando umbrales y puertas que yo nunca pisaré. Cada uno con sus propósitos ocultos, o sus órdenes particulares.

 

Sigo volando lo más rápido que puedo, mientras paso calle tras calle, castillo tras castillo, torre ras torre, admirándome de la diversidad y magnificencia de su arquitectura. Sólida y al tiempo ligera.

 

Una sombra se proyecta sobre mí, y un dragón me sobrevuela. Los dragones de Círculo de fuego son algunas de las criaturas más admiradas y queridas de la ciudad, y de las más deseadas. Sólo quedan media docena, y ni siquiera ellos parecen poder sobrevivir a la Plaga.

 

Antes de la llegada del Martillo Negro, los dragones se marcharon. Todos ellos. No sabemos donde, pero nos tememos que sabedores del destino que iba a correr el mundo antiguo se marcharon. Nos abandonaron.

 

Ahora sólo queda un puñado en el mundo, y la mayoría están aquí, como aliados de alguna de las escuelas, o sirvientes de los magos más poderosos. Aquellos que ya eran antiguos cuando vinimos aquí.

 

El dragón se eleva hacia el cielo y se encamina hacia una de las fortalezas volantes. Su negra mole flota sobre los vientos y la niebla, repleta de casas y torres y murallas en su parte superior, y plagada de túneles defensivos y balcones para los observadores en la roca inferior.

 

Al mirar al cielo, veo otras como ella. Con la magia que las sostiene crepitando, algunas abandonadas por sus dueños, que se aislaron en su locura, con vegetación salvaje creciendo como si fuesen una selva abandonada, derramándose por sus paredes, otras, enseñando orgullosas sus propias torres, elevándose sobre los palacios y castillos que descansan en el suelo, o enfrentándose solitarias ante los hogares de las casas más poderosas de Círculo de Fuego, cuyos castillos y escuelas se elevan a lo lejos grandes como montañas y repletos de sus propios edificios de arquitecturas únicas apenas visibles por la distancia y la niebla.

 

Nunca he llegado hasta allí, sé qué clase de muerte me esperaría si osase invadir el hogar de las Casas Mayores, o me interpusiese en el equilibrio de poder que cada una intenta destruir en su propio beneficio. Con sus torres repletas de criaturas invocadas, demonios, planetares, devas, diablos… Y con sus mazmorras y laboratorios subterráneos experimentando con cosas mucho peores.

 

Más allá de estas moles milenarias, traídas con magia de otros lugares y planos, o erguidas de la nada por poderes inalcanzables, la ciudad se extiende más y más lejos, hasta llegar a los castillo defensivos. Protegidos por magos de guerra, y que observan atentamente el lejano muro de fuego, y los ampos de cultivo que se extienden a sus pies, a ambos lados de la única entrada a la ciudad. Campos atendidos por sirvientes y bestias.

 

Más allá, las tierras de fuego, un foso de lava eterna que rodea la ciudad, y que al final, se eleva hacia el cielo formando el muro que dio nombre a mi hogar.

 

Continúo mi camino y paso frente a una balconada cubierta por arcos y bóvedas y veo en su interior un jardín de flores, árboles frondosos y plantas, y me pregunto qué clase de hierbas se criarán en él, y qué clase de pactos se habrán realizado bajo el frescor de sus árboles y fuentes y en sus bancos de piedra. Desciendo por una calle, y mientras paso bajo a un puente miro hacia el suelo. Apenas puedo ver nada, mientras la neblina lo oculta a mis ojos, pero sé que está muy abajo. Y que bajo él, Círculo de Fuego se extiende más lejos todavía.

 

Dejo atrás los edificios que acabo de observar, y entro en una zona de torres más bajas, pero aún así inconmensurablemente altas para quien no esté acostumbrado a ellas. En el centro de ellas, elevándose orgulloso rodeada de vasallos está mi hogar mi hogar.

 

La Aguja Ilepsis, la aguja de mármol blanco y cristal, sede de mi casa, una casa menor, pero de poder creciente. Que tal vez no pueda igualar en altura y poder a otras casas y escuelas mayores, pero que lo hará algún día.

 

Y aquí, antes de posarme en el balcón de mármol donde me esperan mis sirvientes, recuerdo porqué fundamos Círculo de Fuego hace ya tanto tiempo. Tanto, que hasta los mas viejos parecen haberlo olvidado.

 

La creamos para que ni siquiera la Plaga pudiese acabar con la Magia.

 

 

mayo 4, 2008 Posted by | Black Hammer, Ciudades, Relatos | 2 comentarios

Taniendra (ciudades de Black Hammer)

Comenzamos una pequeña serie de relatos de presentación de las futuras ciudades de Black Hammer.

Taniendra

Serrent de Suh-Sulken agitó las correas de los animales de tiro. No convenía dejar que se durmiesen ni que se descuidasen, pues el camino era todavía largo, y ni la presencia del dragomada en el carruaje delantero serviría de nada si sus animales perdían pié  caían por el barranco.

 

El olor de las bestias de tiro le llegó a las fosas nasales con un nuevo golpe de viento. A esas alturas, mirar hacia abajo para contemplar el paisaje era inútil, incluso con la luz vespertina.

 

A lo lejos, lo único que podía observarse era la cima de una montaña solitaria que sobresalía sobre el resto de las nubes, eterna.

 

La caravana seguía su camino, y Serrent, el guía del décimo carro, la pudo contemplar al doblar una curva en el camino. Por delante de él, descendiendo de la montaña, se encontraban los diez carromatos de pasajeros que iban a llevar a su destino. Por detrás, otros veinte carruajes y carretas de extrañas y variadas formas se mezclaban con carruajes de colosal tamaño que apenas cabían por la ladera.

 

Desde luego, si el dragomada o los demás maestros del Gremio no hubiesen hecho este viaje en similares circunstancias miles de veces antes no lo estarían haciendo ahora, pero la altura no le permitía tranquilizarse.

 

Al frente de la caravana, Elchen, su guía y protector, parecía observarlo todo con sus ojos completamente azules. Como miembro del gremio, Serrent conocía algunos de los secretos de esta raza, los dragómadas, pero sólo los referidos a las necesidades del viaje.

 

Sabía de su infalible sistema de orientación, de sus poderes protectores, de lo que había acechando bajo la capa de nubes, y lo que les ocurriría sin su presencia.

 

Sabía cosas de la Plaga, y de otros horrores que no tenían nada que ver con ella, pero que eran incluso más peligrosos todavía. Pues había visto cosas increíbles en sus diez años de servicio en el Gremio. Su posición, y que todavía conservase su lengua eran síntomas de que había hecho su trabajo de forma diligente y discreta.

 

Mientras el carromato terminaba de girar pesadamente la curva de la montaña, Serrent volvió sus pensamientos a lo que le dijo su mejor amigo en el Gremio, Ilis de Seesa, sobre su destino.

 

– “No verás nunca nada parecido a Taniendra, Serrent, disfruta y observa todo lo que puedas”.

 

Esas palabras le extrañaron mucho, pues los miembros del gremio estaban habituados a los viajes más increíbles por todo Black Hammer, recorriendo ciudades únicas, cada una de las cuales es una joya, una maravilla en si misma.

 

No creía que Taniendra fuese mucho más majestuosa que otros lugares que había visitado en esos diez años. No creía que fuesen más increíbles que los géiseres subterráneos de los Salones  de Mithrail, o que el aura protectora que abarcaba toda su ciudad natal, a la que nunca volvería, Suh-Sulken.

 

Sus pensamientos se volvieron tristes al recordar su origen y lo que había dejado atrás. La vida de aventuras le había incitado a  presentarse a las pruebas del Gremio, y había sido aceptado.

 

Eso significaba que no volvería a ver su ciudad, ni a su familia ni amigos, pues tal era la regla de oro para los foráneos del Gremio.

 

Pero no se arrepentía, al recordar las damas de oro de Isirianor, las verdes islas de mansas aguas de Las Cascadas de la Lluvia de Estrellas, desde la que se podía ver la ciudad trepando por la ladera de la montaña, mientras el agua se vertía sobre sus fuentes y jardines, creando una sensación de libertad y al tiempo de majestuosidad como pocas.

 

O la ciudad de Orcasis, situada sobre el mismo océano, con sus miradores submarinos y sus cristales de agua, o sus ecosistemas únicos sostenidos por la magia, repletos en su interior de criaturas increíbles.

 

O la ciudad de los Magos, Círculo de Fuego, donde las torres se alzan eternas, desde mucho antes de la Plaga, repletas de luces de habitáculos y celdas de los magos novicios, que sirven a sus amos de majestuoso poder en las tareas más extrañas.

 

No, Taniendra no podía ser mucho más majestuosa que todo esto.

 

El sol llegó a lo alto, y Serrent se despidió de él. El descenso comenzaba y los próximos días empezaría la parte más difícil. Primero las nubes, que cegaría a las bestias de tiro y dependerían de las ordenes de su líder dragomada para impedirlas caer.

 

Después, las tinieblas. Desde una ciudad cualquiera, protegidas tras sus murallas o hechizos, la Oscuridad de Martillo Negro no era visible. Desde lo alto de la muralla, en los límites de la ciudad, el exterior se veía normal, con sus ciclos de sol, luna, lluvias, vientos.  Pero desde fuera…

 

Serrent recordó la primera vez que salió, después de su entrenamiento en la ciudad Origen del Gremio. Nadie sabe porqué es así, si es magia, o un castigo de los dioses, pero la plaga lo cambió todo.

 

Las puertas de la ciudad se abrieron de par en par, y los carruajes comenzaron su camino, Serrent iba en el del centro, acompañado en su primer viaje por un veterano que sonería cuando le miraba. Él sabía lo que les esperaba fuera.

 

El sol era radiante, majestuoso, e iluminaba los edificios de su ciudad y las estatuas de las plazas. Fuera, una suave brilla penetraba por la puerta, refrescándole.

 

Serrent estaba impaciente, era la primera vez que salía al Exterior en su vida, lo cual, por otro lado, no dejaba de mantenerle en un estado intranquilo e inquieto.

 

De improviso, cuando traspasó el umbral de la puerta, el paisaje cambió. Parecía otro mundo. La tierra, vista desde el interior, parecía verde y espiada por la hierba, pero en su lugar un páramo negruzco y calcinado les esperaba. El cielo, antes despejado, parecía cubierto de una capa de nubes negras inamovible y amenazante, y un viento lateral solaba fuerte y frío como si procediese de alguno de los infiernos de la religión que le enseñaron de niño.

 

No se veía ni un animal, ni un pájaro, ni un insecto. Solo el viento levantando polvo y cenizas, y las nubes negras y rojas a través de las que el sol no se podía ver.

 

Con el tiempo, Serrent aprendió que la única luz que podía traspasar las nubes era la luz de la luna, pero que esta, lejos de lucir con el color dorado con que lo hacía en las ciudades, aparecía en el Exterior como un círculo rojo sangre atravesado de nubes negras que presagiaba aterradoras profecías.

 

Su compañero, le posó una mano en el hombro, dándole ánimos, mientras le decía: “veras cosas mucho peores que el paisaje, hijo, pero recuerda que mientras nos guíe un dragomada nunca nos sucederá nada. Por lo menos físicamente, otra osa es en el alma. Tu alma sufrirá por cómo quedó el mundo, y por los horrores que perduran, hijo. Pero si estás aquí, es porque puedes soportar más de lo que haría un hombre normal.

 

De improviso, un resoplido de las bestias le devolvió a la realidad, y el canto del dragomada comenzó a guiarles y protegerles. El sol resplandeció una última vez, y se hizo la oscuridad.

 

Pasaron los días y se sucedieron los horrores, la oscuridad dominaba sus vidas, y el tiempo parecía eterno. Un viaje de un día podía convertirse en una eternidad en ese páramo desolado y devastado en el que se había convertido el mundo. Solo el cántico del dragomada rompía las tinieblas.

 

A su lado, la belleza de las ciudades de Black Hammer parecía pequeña, pero Serrent, como el resto de miembros del gremio, aprendió pronto a valorar estas islas de belleza como si fuesen las joyas más preciadas.

 

Había visto mucho en esos diez años, y mucho le quedaba por ver si tenía suerte, aunque dudaba de que le quedasen muchas maravillas nuevas por contemplar.

 

Un susurro del dragomada atrajo su atención, habían llegado a su destino, y la ciudad Taniendra, le sacó de su error.

 

A lo lejos, una colosal forma se fue acercando a medida que las bestias daban un paso tras otro.

 

Lo que parecía ser una montaña sobre las nubes, era en realidad la parte alta de la ciudad.

 

Sus muros escarpados se elevaban hacia el cielo, como el pilar de una montaña, y su forma de árbol de piedra le dejó sin habla. Un enorme pilar de roca, cuya base debía medir más de un kilómetro y medio, se levantaba en medio de la llanura. Su altura debía ser de unos diez kilómetros y en su parte superior se asentaba la copa, que añadía otros cuatro kilómetros de altura y que tenía un diámetro de más de seis kilómetros.

 

Toda su superficie tallada en roca blanca, esculpida pero no pulida, rugosa. Como si se tratase de un árbol de piedra que hubiese crecido naturalmente allí, o hubiese sido alzado por una poderosa magia.

 

Delante de él, Leret de Orcasis, se volvió jactancioso: “- ¿Impresionado Serrent? Pues deberías de ver lo que hay abajo – dijo señalando el suelo bajo sus pies.

 

mayo 4, 2008 Posted by | Black Hammer, Ciudades, Relatos | 2 comentarios

Black Hammer listo para distribución

Hoy nos han llegado los primeros ejemplares de Blak Hammer.

A parte de la emoción de ver tu creación hecha realidad, ya podemos anunciar que el libro está listo para ser distribuido.

La distribuidora que lo va a llevar para las tiendas es SD Distribuciones, y en internet, Nosolorol.

Espero que lo disfrutéis.

febrero 1, 2008 Posted by | Black Hammer | Deja un comentario

Presentación de Black Hammer

“ – ¿Black Hammer?, respondió el dragómada – Black Hammer es un conjunto de hermosas y refulgentes gemas de todo tipo brillando en la negrura más inmensa, unidas entre sí sólo por un frágil cordón que es nuestra Caravana.”

Black Hammer es un nuevo mundo para usar en sistemas libres, (D20 y RyF) que esta semana ya ha pasado a imprenta, y pronto, si todo va bien, estará disponible en las tiendas de la mano de SD distribuciones, y en internet en la tienda de Nosolorol (aprovecho para agradecerles su inmenso apoyo y colaboración).

Supongo que habrás leído la noticia del lanzamiento del libro en Internet, e incluso habrás disfrutado de la página web oficial, del relato introductorio y de la minicampaña que preparamos para presentar Seesa, la primera ciudad de Black Hammer.

Si es así, a estas alturas ya deberás estar pensando que de qué va todo esto.

A falta de un par de semanas para que el libro salga de imprenta, creemos que va siendo hora de desvelar alguno de los misterios que hemos dejado para este momento.

Black Hammer es un mundo único en el panorama fantástico medieval. Cuando nos planteamos la idea de crear un mundo de fantasía, lo hicimos desde el pensamiento del mundo que cada uno de nosotros querría jugar.

Esto nos ofreció un amplio repertorio de ambientaciones, desde medieval más puro, a un mundo dominado por necromantes y la muerte, pasando por fantasía espacial y steampunk. Sin olvidar, obviamente, la fantasía más clásica.

El resultado de todo ello fue una mezcolanza de la que nos sacó una genial idea de Carlos. Y el resultado de ellos el Black Hammer.

El mundo de Black Hammer es un mundo donde conviven todas estas ambientaciones, pero claro, era muy difícil justificar cómo podían reinos de pura magia convivir con ciudades estado sin ella, y no convertirlas en esclavas, o como, si realmente ciudades como Constructia, o Círculo de fuego, estaban repleta de un poder tan grande, no se dedicaban a conquistar el mundo.

La respuesta tiene un nombre: Martillo Negro.

Martillo Negro es el mayor terror que jamás se haya desatado sobre un mundo fantástico. Una Plaga asoladora que destruyó el mundo antiguo, cuyo nombre ya sólo perduda en la mente de unos pocos, y a la que sólo un puñado de ciudades pudieron sobrevivir.

Así, durante mil años, estas ciudades han estado incomunicadas unas de otras, desarrollando sistemas sociales, razas y magia muy particulares, y creyéndose las únicas supervivientes en un mundo rodeado de negrura.

Black Hammer es una presencia terrible en cada acto diario. Es un martillo que pende sobre las cabezas de cada aventurero de este mundo, pues nadie puede saber cuando un simple descuido, una traición o un acto de justicia puede terminar con su vida.

Black Hammer es negrura, miedo, terror a lo desconocido, horror ante un simple nombre, pero sobre todo, maravillas en la noche.

Porque cada ciudad que hemos planteado es única, especial, y ha crecido aislada durante siglos del resto de los supervivientes, creándose así complejas sociedades y ritos que han transformado razas, que han desarrollado magias únicas y que ahora, con la llegada de unos extraños seres llamados dragómadas, han comprendido que no están solos en el mundo.

La llegada de la primera caravana dragómada a una ciudad es un choque para todos sus ciudadanos. Todo el mundo recuerda lo que estaba haciendo, con quien estaba e incluso lo que sintió cuando le comunicaron que una caravana de viajeros se había presentado en el exterior, y estaba llamando a sus puertas.

El miedo inicial dio paso a una alegría que, pronto, vieron que no estaba justificada. Sus esperanzas de que la Plaga hubiese remitido se vieron frustradas, pero compensadas por el hecho de que una raza, los dragómadas, hubiesen descubierto el modo de atravesarla.

Nadie sabe cómo lo hacen, quizás sea una magia única, quizás sus cánticos, o sus famosos tatuajes, pero lo importante es que las ciudades de Black Hammer volvían a estar conectadas de nuevo entre si.

Así, los viajeros comenzaron a cruzar los desconocidos terrenos dominados por la Plaga, ocultos en las caravanas dragómadas, escondidos y sintiendo que el corazón les iba a saltar del pecho de miedo. Escuchando terribles alaridos a través de las aisladas paredes de sus carromatos, y sintiendo cómo el terror les rodeaba, mientras los dragómadas les conducen hacia su destino.

En Black Hammer podrás jugar con personajes de razas con los que nunca has jugado (déveres, kaeremitas), con clases como nunca has soñado (Magos arbóreos, alquimistas vitriales, clérigos de las Nieblas Grises, Constructos de piedra Illion). Y manejar magias y poderes realmente extraños.

Con el primer básico de Black Hammer podrás vivir aventuras en la increíble ciudad de Seesa, un entorno medieval que te planteará innumerables retos ya venturas, a medida que el fantástico tapiz de Black Hammer se va desplegando ante tus ojos.

Un tapiz negro como la noche, de hilos oscuros que rodean, sin darles tregua, un puñado de gemas brillantes de toda forma y color, que intentan sobrevivir a la negrura más absoluta del Martillo Negro. 

enero 24, 2008 Posted by | Black Hammer | Deja un comentario